Pablo Iglesias: “El error de Sánchez fue pensarse que la sentencia lo beneficiaría a él y no a Vox”

Pablo Iglesias (Madrid, 1978) acaba de hacer enloquecer al público que lo ha escuchado en las Cotxeres de Sants justo antes de atender al ARA. Será una entrevista corta, pero intensa.

¿Qué posibilidades reales hay de un gobierno de izquierdas en España cuando usted y Pedro Sánchez se están tirando los trastos a la cabeza todos los días?

Es evidente que Sánchez está buscando los votos de la derecha, de ahí sus mensajes sobre Cataluña, casi compitiendo con la extrema derecha, que pida a Casado que le levante el cordón sanitario, y que quiera nombrar a Nadia Calviño como vicepresidenta económica. Esta es la voluntad del PSOE. ¿Cómo se puede evitar? Básicamente si nosotros somos fuertes. Si somos fuertes el 10-N será muy difícil para el PSOE vender un acuerdo con la derecha.

¿Piensa que entonces Sánchez se echaría atrás sobre las medidas que ha propuesto para Cataluña?

Sánchez no entiende de principios, sólo de correlación de fuerzas. Para el 28-A hizo una campaña de izquierdas, pero ahora alguien la ha convencido de que tenía que girar a la derecha para comerse a Cs y que esto casi le daría la mayoría absoluta, porque nosotros nos hundiríamos. Pero si el 10-N nosotros somos fuertes, Pedro Sánchez se adaptará a las circunstancias, y nosotros estamos aquí para ser gobierno. He dicho muchas veces sobre los presos que Pedro Sánchez nunca renunciará a la prerrogativa del indulto si políticamente le puede dar beneficios.

¿La entrada de Unidas Podemos al gobierno volverá a ser una condición sine qua non?

Es imprescindible si los ciudadanos no dan ninguna mayoría absoluta. En Cataluña nadie entendería que ERC o JxCat gobernaran en solitario, lo hacen en coalición, y tirándose los trastos a la cabeza de manera más o menos elegante. Es lo que ocurre en Europa, y es inaceptable que alguien que no tiene mayoría absoluta quiera acaparar todo el poder.

La otra vez usted dijo que el referéndum no sería una línea roja. ¿Las dos mesas de negociación que proponen sí lo serán?

Es que es evidente. Hemos planteado que hay que sentarse a dialogar y encontrar una solución democrática, que pase por encontrar un común denominador que proteja el autogobierno. Creo que ningún gobierno del Estado puede renunciar al diálogo como vía para resolver el conflicto. En un contexto, además, en que creo que es evidente la renuncia práctica al unilateralismo por parte del independentismo.

¿Qué propuesta llevarían ustedes a estas mesas?

La clave es un acuerdo. Estamos escuchando a gente que habla de ilegalizar partidos por ser independentistas. Estamos llegando a un punto en que se puede ser de extrema derecha y exaltar la División Azul y no pasa nada. Pero si eres del PNV te pueden ilegalizar. Por eso creo que lo más sensato sería apostar por un encaje de Cataluña que blindara la autonomía, la escuela catalana, que permitiera profundizar en el autogobierno y que de alguna manera reconociera, por vías federales o confederales, una realidad plurinacional que es propia de nuestro estado.

¿Le sorprendió la sentencia?

De entrada no hay condena por rebelión, por lo que todo el discurso que se había construido sobre el 1-O como golpe de estado se derrumba. Se cambia un tipo penal por otro de menor entidad, el de sedición, que en algunos países no existe, pero las penas son altas. Cuando Jordi Cuixart reconoce que el 1-O es un ejercicio de desobediencia masiva estaba reconociendo algo evidente, que puede tener una sanción administrativa o civil, pero la desproporción es evidente. Barrionuevo y Vera [ministro del Interior y secretario de estado de seguridad los años 80] fueron condenados a 10 años y los indultaron a los dos meses. La justicia no es igual para todos. Los presos políticos catalanes llevan dos años encarcelados.

¿Le ha sorprendido la virulencia de la reacción a la sentencia?

A mí y a muchos catalanes. Una de las características del movimiento independentista era el carácter pacífico, que es una de las claves de su éxito como fenómeno interclasista y transversal. Creo que las imágenes de disturbios han molestado a muchos independentistas. A partir de aquí, decir que el problema catalán es de orden público es una enorme irresponsabilidad.

¿Cómo valora la actuación policial?

No ha sido bonito ver como Amnistía Internacional denunciaba prácticas que se alejaban de sus protocolos de actuación.

¿A qué atribuye usted la subida de la extrema derecha?

Hay dos grandes causas. Primero, si se me permite ser irónico, la enorme pericia de Sánchez a la hora de hacer coincidir la repetición electoral con la sentencia, pensando que esto lo beneficiaría a él y no a la extrema derecha. Esto pasará a los anales de los grandes errores políticos de Sánchez. El segundo motivo es una realidad mediática que impulsa todos los temas que interesan a la extrema derecha: la inmigración como problema, comparar Cataluña con el terrorismo de ETA… Y también es el resultado de la imprudencia de Cs y el PP , que descubrieron que decir barbaridades sobre Cataluña daba muchos votos. El problema es que ahora no pueden competir con Vox, aunque lo intentan, en decir barbaridades.

Existe la sensación de que la investidura fallida dejó muy tocada su relación con Sánchez…

Nunca hemos tenido una mala relación. Es verdad que Sánchez es un tipo frío, pero la relación siempre ha sido cordial. Se ha construido el mito de que Sánchez y Iglesias no se soportan, pero no es verdad. Siempre nos hemos dicho las cosas sin levantar la voz. Tengo la misma relación ahora que cuando firmamos juntos los presupuestos.

Si finalmente hay un entendimiento entre el PSOE y el PP, ¿usted se sentirá culpable por no haber aceptar la oferta de ministerios que le hicieron?

En realidad la aceptamos. Simplemente pedimos que se añadieran las políticas activas de empleo.

Esto no es aceptar la oferta.

Cuando quien me lo propone es José Luis Rodríguez Zapatero…

O sea, que si le hicieran la misma oferta, ¿la volvería a rechazar?

Hombre, me gustaría oír a Aragonés si le proponen gestionar el 5% del presupuesto. Tiene que haber proporcionalidad. Si hubiera habido voluntad habríamos tenido todo el mes de agosto para acercar posiciones. Estoy seguro de que si hubiera dicho que sí me habrían llamado con alguna excusa.

¿Volverá usted a visitar a los presos políticos catalanes?

Claro, esto forma parte de la normalidad política. Porque, además, si el líder de un partido político está en la cárcel y yo quiero hablar, tendré que ir, no? Haría exactamente lo mismo con Pablo Casado.

Anar a la font – Ara.cat

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