Jordi Cuixart: “Quien piense que encontraremos una solución sin el PSC, se equivoca”

Jordi Cuixart (Santa Perpètua de Mogoda, 1975) aparece sonriente en el locutorio. Durante la conversación habla de la no-violencia y recuerda la cita de Cicerón como un mantra: “Si yo no tengo miedo, tú no tienes poder”. El presidente de Òmnium se considera “un eslabón de un proceso colectivo de emancipación nacional” que requiere tiempo, y vincula la transformación personal con la social. Cuixart explica que la prisión es “una serie de puertas que se abren y cierran ante ti sin que pintes nada”, y por eso está concentrado en el dominio de sí mismo y la ausencia de rencor, inspirado por Gandhi.

Está a punto de cumplir dos años en prisión preventiva. Más allá de las acusaciones contra usted, ¿qué opina de este mecanismo?

El uso abusivo y despótico que se hace en el Estado de la prisión preventiva es la punta del iceberg de una parte del sistema judicial y penitenciario que se ceba con las clases más desfavorecidas de nuestra sociedad. Ojalá nuestra prisión sirviera para concienciar a la sociedad y conseguir cambios profundos en la legislación.

¿”Lo volveremos a hacer”, título del reciente libro que has publciado, significa que se volverán a manifestar, que volverán a hacer un referéndum y que volverán a desobedecer leyes españolas?

Tenemos todo el derecho del mundo a manifestar nuestra disconformidad ante las decisiones de los poderes del Estado, también del judicial. “Lo volveremos a hacer” quiere decir que nunca vamos a renunciar a las conquistas alcanzadas como sociedad y que volveremos a ejercer cada derecho que sea condenado. Incluido el derecho a defender el ejercicio del derecho a la autodeterminación. El juicio tiene la voluntad de recortar derechos y libertades, y por eso considero que habría claudicado si no hubiera reconocido mis actos ante el Tribunal o hubiera renunciado a asumir las consecuencias, que ni mucho menos significa aceptar la legitimidad de ningún condena. No podíamos haber hecho algo diferente de lo que hicimos. Y el Estado no podía haber actuado de una manera diferente. Si no fuéramos en prisión querría decir que no habríamos hecho el referéndum.

¿La desobediencia tiene que ejercerla la sociedad civil o también tiene que haber desobediencia institucional?

Gandhi decía que hay una ley superior a la que tienen que obedecer todos los humanos, y esta es la voz de la propia conciencia. En cualquier caso, esta pregunta deberían responderla aquellos que lideran las instituciones. La acción no-violenta y la desobediencia civil son instrumentos de la sociedad para transformar, mejorar y fortalecer la democracia, para adaptar precisamente las leyes a las necesidades sociales, y piden un elevado grado de concienciación y compromiso.

¿Qué opina de la unilateralidad, un concepto que se ha convertido en polémico y en arma arrojadiza?

Unilateralidad, multilateralidad, bilateralidad … Somos especialistas en el matiz de los unos contra los otros, y para mí no dejan de ser discusiones refugio que se utilizan para no debatir sobre el fondo de las cuestiones: ¿cuál es el próximo objetivo común y que estamos dispuestos a sacrificar? Planteamos qué queremos hacer antes de cómo lo haremos. La desorientación por la represión es muy grande. En 2017 se nos decía que no renunciaríamos a nada y ahora no se nos concreta qué haremos. ¿Cuál es el siguiente paso? Òmnium no debe hacer esta propuesta. No queremos entrar en el fragor de la batalla sino ayudar a que las reuniones se hagan. Nadie tiene una propuesta mágica y, si la tiene, no la ha dicho en los últimos dos años.

¿Se puede obligar a dialogar un gobierno español, ya sea del PP o del PSOE, que no está interesado?

La obligación de los políticos, de todos, es dialogar y llegar a acuerdos, por eso los votamos. Pedro Sánchez no sólo tiene miedo del diálogo sino del simple hecho de escuchar. La marginación, por parte del gobierno español de turno, de la voluntad del 80% de la sociedad catalana es permanente, pero no veo otra manera de revertir la situación que no sea siendo más y sobre todo más determinados. La desobediencia civil lo que persigue es hacer inevitable la negociación, pero hay que ser conscientes de que el momento de diálogo y negociación entre las partes no siempre llega cuando una de las partes quiere sino cuando ambas partes reconocen que no tienen otra alternativa que les sea más favorable.

El consenso del 80% del que habla Òmnium incluye independentistas y no independentistas.

Trabajamos siempre para facilitar grandes consensos de país, y con este objetivo creamos la plataforma ‘Somos el 80%’, que acoge una diversidad amplísima de representantes del mundo cultural, social y político de Cataluña. Debemos entender que todo esto va más allá de partidos y entidades soberanistas. Estoy seguro de que seremos capaces de implicar a las entidades del tercer sector, sindicatos, patronales, colegios profesionales y también los comunes. Además, quien crea que habrá solución sin el PSC, que gobierna en Hospitalet, Santa Coloma y buena parte del Barcelona, se equivoca. Nosotros consideramos el PSC entre los actores para la construcción nacional.

La Diada de este año se ha presentado polémica, con críticas cruzadas entre el ANC y partidos políticos. ¿Entiende estas tiranteces?

Necesitamos sentido de responsabilidad colectiva, que es lo que hizo posible el 1-O, y volver a salir a la calle el once de septiembre para dar una nueva lección de dignidad. La protesta en la calle es una parte imprescindible para la concienciación de la lucha no-violenta. Nadie tiene derecho a dudar de la capacidad de movilización de la sociedad catalana, que nunca falla y, por tanto, estoy convencido de que la Diada será, de nuevo, una demostración de perseverancia. El once de septiembre demostraremos que la respuesta social a la sentencia será mayoritaria. La mala noticia sería que la gente dejara de luchar. Si esto ocurriera, la cárcel no tendría sentido.

Durante el juicio sus abogados han intentado desmontar las acusaciones, pero usted ha dicho ante el juez que no aspira a una reducción de pena. ¿Por qué?

La única sentencia aceptable es la absolución. Otra cosa es que, después de casi dos años de prisión y escuchando los argumentos de los jueces para mantenernos en prisión preventiva, me cuesta mucho ver muchas probabilidades. Las acusaciones son infundadas, porque todo el mundo ya sabe que sedición significa hacer llamadas a la violencia y rebelión significa repartir armas entre la población. Dicho esto, yo entré en prisión por defender el derecho a votar de todos los catalanes y catalanas y que su decisión fuera respetada, y esa sigue siendo mi prioridad. Desde Òmnium utilizaremos las condenas como palanca de transformación democrática.

¿Usted cree que en el momento actual unas elecciones al Parlamento funcionarían como respuesta?

Lo que pedimos a las fuerzas políticas es que la respuesta sea consensuada entre todas las partes. No entenderíamos que no se pusieran de acuerdo. Es obvio que lamentamos las rencillas que hacen que la gente se desmotive, pero a la vez también valoramos los esfuerzos de las últimas semanas.

¿Confrontación con el Estado y diálogo son opciones contradictorias o complementarias?

Son debates estériles, de vuelo gallináceo que no me interesan nada. No conozco ningún soberanista que renuncie al diálogo. Y, al mismo tiempo, estamos obligados a mantener de forma activa nuestra enérgica oposición a la supresión de derechos y libertades que estamos sufriendo. Y si esto significa confrontación, pues sí, tenemos el deber de confrontar desde la no violencia aquellos que vulneran derechos fundamentales. El hecho es que llevo casi 700 días de prisión por haber llamado a la participación en una manifestación y en un referéndum y me piden 17 años de prisión, y es Pedro Sánchez quien se niega a reunirse conmigo.

Usted considera que está en la cárcel por ser presidente de Òmnium. Jordi Sánchez y Carme Forcadell fueron presidentes del ANC. ¿Cree que sus sucesores vuelven a estar en el punto de mira?

No me gusta nada especular, pero es obvio que el Estado se ha propuesto perseguir cualquier tipo de disidencia política, y esto pone a todos en el punto de mira. En nuestro caso hemos sufrido registros de la Guardia Civil, nos han secuestrado miles de correos electrónicos, se han llevado ordenadores de la sede, nos han cerrado páginas web y confiscado material, y hemos recibido multas de cientos de miles de euros. Se ha fiscalizado la entidad de arriba a abajo y Marcel Mauri y trabajadores y miembros de la junta aparecen en los informes policiales como objeto de investigación. Pero la grandeza del ‘procés’ es que esto no va de personas. Hace cuatro años se hablaba de la malograda Muriel Casals, de Carme Forcadell, de Artur Mas y de Josep Maria Vila d’Abadal; ahora hay cuatro diferentes y dentro de cuatro años habrá otros cuatro.

El presidente Torra ha reclamado que todo el mundo, también los cargos del Gobierno, esté dispuesto a asumir las consecuencias de la desobediencia. También la cárcel? ¿Ayudaría al movimiento independentista que hubiera más presos políticos?

La cárcel o la represión no pueden ser ningún tope en la defensa de los derechos y libertades. No lo fueron para los luchadores antifranquistas que sufrieron las consecuencias de manera mucho más dura que nosotros y no lo pueden ser ahora. Dicho esto, y aunque la prisión puede ser también un altavoz de denuncia muy potente, encontraría absurdo la decisión de llevar a cabo acciones con el único objetivo de entrar en prisión.

¿Òmnium Cultural sigue siendo una entidad cultural? Ciudadanos ha pedido al Gobierno que le retire esta condición.

El 70% de nuestro presupuesto se destina directamente a proyectos de lengua, cultura, educación o cohesión social. Quien quiera más detalles que vaya a nuestra web, donde encontrará la memoria de actividades de cada año y las cuentas auditadas, sin un céntimo de dinero público.

¿Hablar de una generación para alcanzar la independencia es más preciso que decir que se conseguiría en 18 meses?

No me gustan los reproches. Prefiero poner en valor todos los aprendizajes adquiridos desde el inicio de la elaboración del Estatuto de 2006 hasta la fecha. Nunca nada volverá a ser igual, y nada de lo que ha pasado ha sido en vano, y posiblemente era inevitable. Dentro de unos años lo veremos como una etapa de crecimiento imprescindible, y ahora nos corresponde dar lo mejor de nosotros mismos.

¿Qué dirá a sus hijos, que crecen viendo a la cárcel?

Les diré que ellos no sientan ningún odio hacia nadie. Ni contra el Estado, ni contra los fiscales ni los jueces que me tienen en prisión.

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