Hospitales sin agua, lavabos ni medicinas

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El hospital público Luis Razetti se sitúa en la capital del estado venezolano de Barinas, a unos 500 kilómetros al suroeste de Caracas, donde el comandante Hugo Chávez nació y su familia ha gobernado durante las dos últimas décadas. Su padre, Hugo de los Reyes Chávez, fue gobernador del estado entre 1998 y 2008; uno de sus hermanos, Adán Chávez, entre 2008 y 2017, y ahora otro, Argenis Chávez, ocupa el cargo. Se puede decir que el hospital se sitúa en la cuna de la “revolución” que el comandante tanto predicó, y es el único de referencia en todo el estado. En esta zona viven más de un millón de personas.

Los médicos no saben precisar cuántas camas hay en el hospital. “Inicialmente teníamos 465, pero ahora es una incógnita”, declara una doctora, que prefiere mantener el anonimato como la mayoría del personal. En el hospital están los llamados “guardias del pueblo”, adeptos del chavismo que vigilan que no entren periodistas ni que se tomen fotografías. En algunos casos es el propio personal que pone obstáculos por miedo a represalias. La médico que me acompaña dentro del hospital me advierte de la presencia de algún chavista abriendo los ojos como platos, y asiente con la cabeza cuando puedo usar la cámara.

El vestíbulo del hospital está casi a oscuras y parte de las instalaciones están abandonadas. La cocina se encuentra al lado del taller donde teóricamente se arreglan las máquinas; se acumulan motores fuera de uso y todo tipo de chatarra. “¡Aquí hay ratas y hay de todo!”, exclama la doctora. Un ruido ensordecedor de los tubos de extracción de aire inunda el espacio.

En el hospital no funciona ningún lavabo. ¡Absolutamente ninguno! Y algunos directamente están desbordados. Las aguas residuales llegan a los pasillos con un hedor fétido. “El único lavabo que funciona es el del aparcamiento, así que los pacientes y sus familiares tienen que salir del hospital y pagar”, detalla la médico. Un cartel lo indica así a los usuarios. Ése no es el único despropósito.

En el hospital tampoco hay agua, algunas habitaciones están casi a oscuras porque la gente roba las bombillas y parte de las ventanas no tienen cristales. El laboratorio también está cerrado. “No tenemos reactivos desde hace ocho meses”, precisa la facultativa. “Extraemos sangre, pero es imposible analizarla, así que hacemos transfusiones sin saber si la sangre está infectada. La familia del paciente debe firmar un documento para confirmar que asume el riesgo”, detalla.

Ni anestesia general, ni quimioterapia

Pero es que en el hospital tampoco se pueden hacer diálisis, ni quimioterapia. Tampoco queda anestesia general, ni mucho menos medicamentos. Los propios pacientes los deben comprar en la farmacia. Eso si los encuentran y los pueden pagar. “Ya no recuerdo cuántas veces he viajado a [la vecina] Colombia para comprar medicamentos. Y eso que cada caja cuesta 3,5 millones de bolívares y sólo sirve para cinco días “, explica Orlando Cabezas, padre de Yerica, una chica de 20 años que padece cirrosis hepática y tiene la barriga completamente hinchada a pesar de que su apariencia es totalmente esquelética.

A pesar de la falta de medicamentos, el servicio de urgencias del hospital es un hervidero de personas. Hay una camilla al lado de otra, algunos enfermos están en sillas de ruedas y los doctores apenas tienen espacio para pasar. Un hombre espera en la sala con un cuña en las manos llena de un líquido amarronado. “¿Usted cuántas veces ha vomitado?”, le pregunta un médico. “Nueve”, contesta el hombre con cara de circunstancias.

Toda la quinta planta del hospital está clausurada. “Han tenido la genial idea de remodelarla”, comenta la doctora. Con el inconveniente de que allí es donde estaban los siete quirófanos del hospital y las seis camas de la unidad de cuidados intensivos. “Ahora tenemos que operar en dos quirófanos provisionales, sólo tenemos tres camas para enfermos críticos y muchos equipos están estropeados”, explica la doctora, mientras muestra diversas máquinas paradas. Algunas tienen un cartel que dice literalmente: “Inhabilitada”.

¿Pero como se ha llegado a esta situación? Algunos médicos aseguran que el Hospital Luis Razetti, que se inauguró en los años 50, antes funcionaba bien. “Chávez creó un sistema paralelo. Abrió los CDI [centros de diagnóstico integral], donde trabajaban médicos cubanos”, se queja la doctora. Muchos de esos centros sanitarios cerraron, y los facultativos cubanos se fueron. Aprovechando su viaje a Venezuela, se trasladaron después a Colombia o Chile para no tener que volver a la isla caribeña.

Ahora quien marcha es el personal médico de los hospitales. Se quejan de que tienen que trabajar “con las uñas” porque no hay fármacos ni material, y que les pagan una miseria. Desde hace meses se repiten las protestas en los hospitales venezolanos y Mauro Zambrano, del sindicato de personal sanitario, asegura que la situación es igual de desesperada en todo el país.

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