Adictos a Tinder

“Me bajé Tinder para intentar encontrar pareja, para dejar de sentirme sola, pero sólo conseguí citas fallidas, y al final el resultado fue que me sentía más sola de lo que estaba antes”. Quien lo cuenta es Andrea, usuaria de esta aplicación de citas, que hace tiempo que dejó de usarla. A ella no le fue bien. No lograba encontrar lo que quería y el hecho de sufrir una decepción tras otra la hacía sentir mal. Las grandes expectativas que tenía cada vez antes de una cita se convertían en una decepción cuando la persona no cumplía con todo lo que ella había imaginado. Y eso pasaba una y otra vez. Pero los sentimientos de Andrea no son una excepción. Según un estudio publicado el mes pasado por el Journal of Social and Personal Relationships, las aplicaciones de citas también tienen efectos negativos, sobre todo para los usuarios que hacen un uso más compulsivo y que pueden acabar sintiéndose más solos de lo que estaban antes de bajar la aplicación. Esto, según el estudio, es especialmente complicado para las personas con poca autoestima: cuanto menos seguridad se tiene, más se tiende a hacer un uso compulsivo de estas herramientas.

El estudio explica que una de las críticas más repetidas que hacen los usuarios de estas aplicaciones es la posibilidad de ir pasando perfiles de candidatos -lo que en inglés se conoce como ‘swipe’, es decir, pasar con el dedo sobre la pantalla para ver otro usuario- como si fuera un juego, con el problema de que la presentación de personas nuevas no acaba nunca y crea cierta sensación de que siempre puede haber alguien mejor en el próximo ‘swipe’. Katy Caduta, una de las autoras del estudio, explicaba en un artículo en ‘The Guardian’ que limitar el número de perfiles que se pueden ver podría ser una de las maneras de hacer estas aplicaciones menos adictivas.

Enganchados a los estímulos positivos

“Todas las aplicaciones y las herramientas tecnológicas a las que dedicamos un tiempo al día pueden ser adictivas, porque nos estimulan, nos potencian, nos hacen tener más contactos…, y esto genera adicción porque es una estimulación personal”, dice Francisco Núñez, sociólogo y profesor de la UOC. Esto ocurre con los juegos, las redes sociales y las aplis de citas. “En el caso concreto de las aplicaciones de citas, su potencialidad es enorme, porque abren un gran espacio imaginativo”, dice. “Existe la promesa de una pareja, o de una relación sexual, lo que nosotros queramos imaginar. Cuando uno se apunta, sólo por el hecho de bajarse la apli ya se le abre este espacio de imaginación y de sueño con una gran cantidad de promesas que enseguida se materializan cuando empiezas a recibir likes”, explica este experto en emociones y tecnología. Núñez destaca que las emociones que genera la imaginación son “igual de potentes que las reales, y en este caso son emociones ligadas a la promesa de una vida mejor, con más experiencias, y por eso estas aplis nos enganchan tanto”. Y aquí pueden empezar los efectos negativos. “El problema es cuando empiezas a buscar algo que no encuentras nunca. Y así empiezas a tener citas, y más citas, y no van bien, ninguno te gusta, porque siempre piensas que puede haber una persona mejor. Esto nos puede terminar idiotizado porque no sabemos comprometernos, no sabemos detenernos, ya que siempre estamos pensando que habrá algo mejor”, explica.

Para Ignasi Puig Rodas, psicólogo colegiado del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, estas aplicaciones funcionan como un refuerzo: “Nos hacen sentir interesantes, atractivos, sentimos que tenemos la aprobación del resto y constantemente queremos sentir esta aprobación”, resume. Pero el problema es que esto no se traduce fácilmente en una relación exitosa y, por tanto, empezamos a buscar nuevas, siempre mirando nuevos perfiles.

Además, este psicólogo apunta que hay un gran problema con estas relaciones virtuales: “Tendemos a ser mucho más directos, incluso crueles, que en el mundo real. Como no conocemos a las personas cara a cara podemos ser poco cordiales y muy duros y esto son golpes emocionales que hacen sentir muy mal a quien los recibe”, y aquí es donde entra la posibilidad de engancharse. “Queremos evitar estos golpes, esta sensación desagradable, y recuperar la aprobación, por eso volvemos y seguimos buscando, mirando nuevos perfiles, buscando aquella satisfacción que tantas veces hemos imaginado”, detalla. Por eso él apunta que hay una relación directa entre la falta de autoestima y la adicción a estas herramientas. “Las personas más inseguras, las que necesitan sentir la aprobación de los demás, tienen más puntos de engancharse a estas aplicaciones”, dice.

Por otra parte, como explica Francisco Núñez, “el espacio virtual puede generar más decepciones porque hay unas falsas expectativas”. Así, lo que pasa es que “las personas que se mueven mucho en estos espacios virtuales pueden acabar sufriendo una soledad muy grande al descubrir que en realidad no hay nadie físicamente a su lado. Es entonces cuando se les hace más palpable que están solos”. Para este experto, esto es “una paradoja”, ya que la mayoría de personas que se apuntan a estas aplicaciones lo hacen para no estar solos, precisamente. “Pero el problema es que lo que funciona en el espacio virtual puede que no funcione en el espacio real, y esto puede generar mucha frustración”, detalla.

Problemas con las aplis

Ignasi Puig Rodas explica que en su consulta ve muchos pacientes que están utilizando estas aplicaciones de citas y no les dan los resultados que deseaban. “Muchos tienen decepciones, se sienten frustrados, se encuentran con relaciones vacías…, no exactamente con lo que buscaban”, dice. Para este psicólogo la clave no es dejar de utilizar estas aplicaciones, sino evitar un mal uso y no caer en adicciones que pueden potenciar la soledad. Por eso él dice que es muy importante saber bien lo que se está buscando y saberlo transmitir. “Yo aconsejo esto, en primer lugar, y luego analizar en qué características de los otros nos fijamos, porque quizás no son las correctas. Tendemos a fijarnos mucho en el aspecto físico, en las personas que nos parecen más atractivas, pero luego muchas no comparten lo que estamos buscando”, explica el psicólogo, que también recuerda que estas aplis “son sólo una de las muchas herramientas que tenemos para interactuar con otras personas”. Él también lo liga con la búsqueda de la pareja perfecta y cuestiona si realmente existe. “Quizás sí, pero ¿qué nivel de esfuerzo necesitamos para llegar a ella? ¿Nos compensa? Hay que ajustar el esfuerzo al beneficio porque quizás buscando la perfección nos podemos perder muchas cosas”, apunta.

Para Francisco Núñez otro tema clave son las expectativas que crean estas aplicaciones. Aconseja tener cuidado, ya que “la decepción es muy fácil en estos casos porque cuesta encontrar nada que esté a la altura de nuestros sueños y nuestra imaginación”, resume.

Cambia la manera de ligar pero no las relaciones de género

El éxito de las aplicaciones de citas es innegable y está claro que han revolucionado la manera de ligar y de hacer los primeros pasos en una relación. Pero, aunque han cambiado las reglas, no han cambiado las relaciones de género. Según la socióloga e investigadora del IN3 de la UOC Ana González Ramos, “las mujeres todavía se comportan condicionadas por el concepto de amor romántico, confían en que las relaciones amorosas deben ser duraderas, centradas en la familia y el cuidado mutuo”, explica. Y es que, según datos de Meetic, el concepto de amor romántico todavía está muy extendido. Ocho de cada diez mujeres españolas dice que cree en el amor verdadero y el 70% confía encontrarlo en aplicaciones de citas, y casi un 60% dice que busca una relación a largo plazo. “La libertad sexual de las mujeres todavía arrastra consecuencias sociales, juicios morales que las penaliza. Esto retroalimenta la idea de que deben buscar relaciones estables que respondan a las expectativas sociales asociadas a los roles del amor romántico”, dice.

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